Capítulo 44. La alianza de los desalmados
El departamento de Federico en la capital se sentía como una celda de lujo. Tras el humillante regreso desde Veracruz, donde Rosa, protegida por ese hombre de campo, lo había despojado de toda autoridad y le había cerrado la puerta en la cara, Federico se encontraba en un estado de nerviosismo absoluto. Había llegado a la finca esperando encontrar a una esposa sumisa y aterrorizada, pero lo que encontró fue una mujer que ya no le pertenecía.
Caminaba de un lado a otro, con la ropa arrugada por