Capítulo 41. El ataque desde las sombras
El amanecer del día siguiente fue distinto. No hubo pajaritos, ni la brisa tranquila de siempre; hubo un silencio tenso, casi eléctrico, que se cortaba con el simple acto de respirar. Lucía entró al estudio con la laptop abierta y un café que no recordaba haber pedido. Sus manos, generalmente firmes, temblaban ligeramente al colocar el dispositivo frente a mí.
—Ya está en línea —dijo, con la voz ahogada por una mezcla de triunfo y miedo—. El diario de investigación acaba de publicar el reportaj