Capítulo 31. El último adiós
El aire de Veracruz aún estaba a muchas horas de distancia, pero el primer paso firme hacia mi nueva e imprevista vida comenzó de la forma más dolorosa posible: regresando por última vez al lugar que, hace menos de veinticuatro horas, todavía llamaba hogar.
—No tienes que entrar si no te sientes lista, Rosa. Podemos solicitar legalmente que un tercero recoja todo —me dijo con voz pausada el abogado, el Licenciado Martínez, mientras el coche de la policía se estacionaba frente a la gran entrada