El desierto.
Dos reuniones, cuatro expresiones tensas, una botella de agua sin terminar y ocho jefes de departamento. Margaret resistió la jornada como un reloj suizo.
En la ultima reunión, ya solo estaban los verdaderos miembros: mafiosos con traje, algunos con pasado licántropo indeseable. Nadie hablaba sin medir sus palabras. Dante estaba en la cabecera, imponente, con las mangas remangadas y un cigarro sin encender entre los dedos.
—Ya confirmamos la ubicación de una de las tumbas —dijo Enzo—. En el des