Vitaminas y una posible atracción.
El restaurante seguía lleno de murmullos y el sonido de copas. El camarero dejó sobre la mesa un postre que parecía una obra de arte: frutos rojos, chocolate derretido y un toque de crema batida.
Margaret lo miró apenas… y un retortijón la atravesó como un cuchillo. La náusea llegó tan rápido que no pudo disimularlo.
— Me disculpo un momento... voy al baño.
Se levantó de golpe, casi volcando la silla.
—¿Margaret? —la voz grave de Dante sonó, pero ella ya se alejaba a toda prisa.
Kaiser, que est