El silencio fue inmediato y cortante. Marco apretó los puños. Kaiser tensó la mandíbula, y varios hombres intercambiaron miradas que olían a cálculos: un niño o el control. Para los Moretti, cada sacrificio era medido.
Dante sintió cómo su pecho se cerraba. La verdad que ella dijo ya lo sabia pero igual lo golpeó en otro sitio: no solo le hablaba de una amenaza externa, le estaba mostrando el precio humano, el peso de una vida que él no había pedido pero que ahora latía con la fuerza de su sangr