Damián Feldman.
No podía creer lo que estaba pasando. Me senté mientras escuchaba el agua caer tras la puerta del baño. Pero lo que realmente me incomodaba era el recuerdo del peso de su cuerpo entre mis brazos. Era imposible ignorarlo.
La despreciaba. Y, al mismo tiempo, me atraía de una forma que me irritaba aún más.
Las palabras de mi padre regresaron con fuerza: “Dame un heredero con ella”. Y esta era la oportunidad perfecta para cumplir su petición... pero a mi modo. No por lealtad, sino