Amelie Manson
Después de la visita de Armando, mi mente era un caos. Tenía que comprobar primero si lo que decía era cierto, y así lo hice. Pero incluso si no mentía, eso no borraba el daño que me había hecho como hombre, como esposo. No pensaba ceder ante sus sucias pretensiones. Que hubiese saldado la deuda de mi padre no lo convertía en un redentor, simplemente estaba devolviendo el favor que un día recibió.
Decidida, antes de ir a la oficina, me quité el anillo del dedo, preparé una pequeña