Amelie Manson
—¡Soraya! —mi voz salió rota, casi como un lamento cuando vi a mi amiga entrar por la puerta. Sentí que las fuerzas volvían a mí con solo verla—. Casi no regresas…estaba muy preocupada por ti.
Ella cerró la puerta con cuidado y vino directo a mí. Sus manos se posaron en mi vientre, ya notoriamente abultado. El roce me estremeció, me recordó lo que estaba en juego, lo que cargaba dentro de mí.
—Perdóname, Amelie —dijo, acariciando suavemente como si quisiera darme calma—. El tráfi