—¿Cómo dices? —preguntó con el rostro pálido. Marcella sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué pasa, hija? Dime —Marla se levantó como autómata y dejó caer el móvil en el suelo.
—Es Karla, mamá. ¡Karla está muerta! —dijo y rompió en llanto. Marcella se levantó y abrazó a su hija.— ¡No, mamá! Karla no puede estar muerta.
—Hija, debes calmarte por favor. ¿Estás segura que escuchaste bien?
—Sí, madre. Joel, trabajó con nosotras mucho tiempo, y él no me diría algo así. La encontraron muerta en un