Una vez que Abel llegó a Milán fue recibido por la junta episcopal, las imágenes en las redes ya habían sido difundidas por todo el mundo.
—Padre Abel, no le tenemos muy buenas noticias. —dijo el sacerdote pidiéndole sentarse.
—¿A qué se refiere monseñor Benedetti? —preguntó sin entender lo que pasaba, aunque obviamente tenía algunas sospechas.
—A esto —respondió el hombre mostrando en la pantalla aérea la información de lo ocurrido. Abel bajó el rostro, no pensó que tuviera que enfrentars