Ahora que Marla sabía toda la verdad, se enfocó en lo único importante para ella, su bebé. Durante esos meses siguientes, su madre se ocupa de cuidar de ella, los lazos entre madre e hija eran cada vez más fuertes e indestructibles.
Mario había vuelto a Madrid, pero con la promesa de regresar a Tropea y quedarse a vivir con su aún esposa. Marcella apenas podía verse a escondidas con Piero, sin embargo, en uno de sus encuentros clandestinos, decidió contarle toda la verdad sobre su hija.
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