La atmósfera en la sala se había vuelto asfixiante, cargada de emociones desbordadas y silencios interrumpidos solo por el sonido de las respiraciones agitadas y el sollozo entrecortado de Maddie. Blake, aún tambaleante por la furia y el agotamiento, sostuvo a su esposa con la delicadeza de alguien que temía romperla. El resto del mundo se desvaneció para ambos; ni la presencia de John, ni los hombres arrastrando a David importaban ya. Solo estaban ellos dos, atrapados en el remolino de su prop