Londres, primavera de 1950
Dieciocho años habían pasado desde aquel día en que la vida les cambió para siempre. Chelsea seguía igual de encantadora, con sus jardines en flor y las fachadas elegantes acariciadas por el sol tímido de abril. Pero en el interior de la casa de los Townsend, el tiempo había hecho su trabajo: los niños eran ahora adultos, y la vida los empujaba con fuerza hacia sus propios destinos.
Blake Jr. tenía dieciocho años recién cumplidos y un futuro prometedor esperándolo al