Sarah, corrió hacia la sala de estar al encuentro de su esposo cuando los sirvientes le avisaron que había llegado malherido. Al entrar, se quedó por un instante petrificada al verlo. David no sólo estaba todo desarreglado y con su camisa rota, sino que también tenía una herida en el rostro que parecía haber estado sangrando hasta hacía unos minutos atrás, tragó saliva y se llevó la mano a la boca presintiendo lo peor.
— David, mi amor —dijo, corriendo hacia él, rápidamente—. Pero ¿Qué te ha s