La cena de bienvenida que August había preparado para Maddie y Blake era un espectáculo de lujo y magnificencia. El gran salón, iluminado por arañas de cristal y velas que parecían encenderse con un brillo casi mágico, estaba decorado con adornos dorados y arreglos florales exuberantes que llenaban el ambiente con un aroma delicado y embriagador. Las largas mesas, cubiertas con manteles de encaje y copas de cristal talladas, reflejaban la luz como un mar de destellos.
Cuando Maddie y Blake en