La habitación que el conde de Lancaster había dispuesto para la pareja, era por más lujosa y espaciosa. La cama con dosel hablaba por sí misma de la extravagante gusto y de la opulencia que poseía el peculiar anfitrión. Poseía postes de roble tallado con remates dorados, el marco superior contaba con incrustaciones de marfil. Las cortinas de seda en tono burdeos, tenía un forro de brocado en color dorado.
La cabecera era alta y majestuosa, teniendo en el medio de esta, tallado el escudo famil