Sus labios abandonaron los míos para descender por mi barbilla hasta mi cuello, donde lamió y succionó mi piel haciéndome soltar un suspiro. Sus labios son tan suaves, me enciendo en cuestión de unos segundos cuando hacen contacto directo en mis zonas más sensibles. Y, aunque solo está delineando mi cuello con su lengua hasta llegar a mi oreja, no logro cuadrar mis ideas en una sola. El deseo transpira por cada uno de mis poros.
Llegó a mi oreja y mordió mi lóbulo con gran suavidad, ahora sí