La celebración no se extendió de más, puesto que los recién casados estaban ansiosos de partir a su luna de miel. Cuando los despedimos en la pequeña pista en la villa de Alex, cada quien se fue a su habitación a descansar, menos Noa y yo, que caminamos tomados de las manos por la orilla de la playa.
Las palabras de Alex seguían dando vueltas en mi cabeza. ¿Desde cuándo se volvió tan sabio y buen consejero? Desde que inició su relación con Liz ha cambiado mucho su forma de pensar, hecho que me