***
—Antes que nada, déjame darte tu regalo —Karim se va detrás de mí y cubre mis ojos con sus manos, haciéndome soltar una risita divertida—. No tuve tiempo de envolverlo, perdóname.
—No importa, créeme. Pero siento algo de curiosidad por saber de mi regalo.
Con su ayuda entramos a la casa y lo primero que mis sentidos percibieron fue un rico aroma en el aire. Definitivamente es canela y manzana.
—¿Estás preparada para recibir tu regalo?
—¡Más que lista!
Quitó sus manos de mi rostro y todo mi