El castillo se miraba sombrío y gris desde adentro, incluso Ruth desde la prisión podía verlo. Los barrotes estaban oxidados, pero era lo único feo de su lugar. Había sido trasladada a una celda en mejores condiciones por órdenes del rey y aunque no era su lujoso cuarto, no estaba tan mal. Lo peor la aguardaba, la incertidumbre de no saber si sería ejecutada o condenada al exilio. El rey la había visitado por la noche, dejándole en claro que no tendría ni una pizca de piedad. El príncipe, por e