El lobo acechaba su presa, un regalo del destino que casi no llevaba custodia. Su sed de sangre era intensa, haciendo que acabara fácilmente con los cinco soldados que resguardaban el carruaje ostentoso proveniente de la realeza. Gale espera encontrar al príncipe o al rey en su interior, aunque su mente se hallara nublada por la ira irracional.
No diferenció a quien había matado, sino que atacó sin piedad a todos los que estaban adentro. Con el rojo de la sangre en todo su pelaje, se aseguró de