La temperatura subía, sintiendo el sol en lo profundo de su pecho, un calor inaguantable.
—Las ventanas… —dijo a penas, haciendo señas con las manos. Necesitaba que las abrieran para que el viento circulara.
Obedecieron al instante.
—Debe estar acalorada. —acotó Ciro, abriendo el ventanal más amplio. El viento pasaba, el aire fresco se filtraba hacia la sala.
Ella sudaba, ardía por dentro y por fuera a pesar de que el suelo estaba helado.
—Es un efecto colateral, hay muchos otros… —Ciro dudó, n