La bañera humeaba y su cuerpo se relajaba en su interior, el agua la cubría por completo. Se preguntaba por qué tendría que remojarse en esas hierbas tan invasivas. Al terminar, Maya la ayudó a volver a la sala, donde Ciro ya tenía preparadas las cosas para el ritual. No era aficionada a la magia y raras veces creía en ella, por lo que desconfiaba y no le gustaba depender de él.
—Otra advertencia. —achinó los ojos, con un frasco en las manos. —Si el ritual saliera bien, lo que no es cien por ci