La pasión los atrapó, tomándose en ese callejón vacío, en medio del caos, con la ciudad casi en llamas. Ella dejó que la hiciera suya por ese lapso de tiempo y vieron el cielo juntos, en el placer prohibido y deseado a la vez. El tenía mucha fuerza y vigor, haciéndola gemir sin perder cuidado. Su cuerpo hacía que perdiera el juicio, bebiendo de él y contemplando el amor que no tendría. Era una adicción, ese fuego que hizo que repitieran el acto más de tres veces. La adrenalina se multiplicaba,