—Por lo visto, ya estás en una última instancia… La transformación está tomando todo tu cuerpo. —el joven la inspeccionó una vez más. No era doctor, su forma de curar era mucho más extraña, su presunta magia las desconcertaba, no había seguridad de su efectividad. —El ámbar de tus ojos lo dice todo, son los mismos que los del oso.
—Sí, no me siento para nada bien. —Eva volvió a intentar ahogar sus nauseas, para no vomitar en plena sala. Dejó que viera las garras que a veces salían y le explicó