Desde su celda, Cleo intentaba buscar una forma para salir de allí sin que los guardias la oyesen. Estaba tan cansada, era solo una niña y nadie velaba por ella en ese frío y lúgubre castillo. Cleo había vivido como una princesa por unos meses hasta que la farsa se deshizo y luego, fue condenada a vivir en una prisión sin ningún tipo de sustento básico.
—Por favor, déjenme salir, aunque sea por un rato. —imploró, mirando a los guardias con los ojos brillantes.
—No, no se te permite salir a ning