Punto de vista de Leander
El hospital estaba atestado en cuanto llegamos. La mayoría prosperaba gracias al dinero viejo de señores oscuros y políticos con secretos que matar. Yo había usado su morgue unas cuantas veces cuando algún hombre se atrevía a cruzarse en mi camino.
Lila estaba sentada en la camilla con una blusa holgada de seda y pantalones suaves de algodón que yo mismo había elegido; nada que rozara las ronchas que le había pintado en la piel. Se removía inquieta, rodillas apretadas,