Capítulo 38. La esperanza y los sueños, no siempre van de la mano
Michael se levantó de su silla con Guadalupe amarrada a su cintura y la llevó a la cama.
Guadalupe no se lo podía creer, temprano pensó que moriría y ahora estaba por fin en brazos de Michael.
Él la haría suya y ella no podía esperar…
Lo besó con furia hambrienta que Michael controló besándola con más calma y seducción, usando su lengua para provocarla.
Levantó su camisa y sus enormes manos masajearon sus pechos.
Guadalupe quería ser perfecta para él, estaba consiente que sus pec