Capítulo 32. El nacimiento de La Sirena
Stefan no entendió en un principio, toda su atención, sangre e inteligencia estaban al sur de su cuerpo.
— ¿Qué? —Expresó confuso.
Victoria movió el monitor de la computadora y lo mostró.
—Llegó el mensaje que esperabas.
Stefan leyó y entendió lo que ocurría.
Su erección insatisfecha le reclamaba a Victoria.
Pasó las manos por su rostro.
—Victoria, nos atacaron, si no hubiera sido por el maldito Luciano estaríamos muertos.
— ¡Y debes celebrarlo comprando muchachas!