Capítulo 128. A veces, dejar ir también es amor
Los empleados de la casa de Slashdot, no estaban a la vista. Victoria solo podía imaginar que la noche anterior fue horrible, a nadie le agradaba enfrentar la ira de Slashdot, subió las escaleras y se dirigió a la habitación de Giancarlo.
El joven la vio y se paró de la cama y la abrazó con fuerza.
—Creí que no regresarías —dijo con voz entrecortada.
Victoria escuchó el dolor en su voz, aunque fuera grandote seguía siendo un niño.
—Yo jamás te dejaré —afirmó Victoria y tomó su rostr