Sofia
Nunca pensé que, después de todo lo que había pasado, mi mayor preocupación del día sería atrapar una gallina. Pero ahí estaba yo, con los pantalones llenos de tierra, la blusa blanca manchada y el cabello despeinado mientras corría detrás de una gallina negra que cacareaba como si le fuera la vida en ello.
—¡Vamos, Sofía, más rápido! —gritó el padre Fernando, corriendo a mi lado. Su voz ronca me llegó como un latigazo directo al corazón.
Lo miré de reojo mientras corría y casi tropiezo