El salón de juntas en Noosa estaba listo desde temprano.
Mesa de mármol claro, pantallas encendidas, documentos impresos en carpetas negras con el logotipo de Phant-A-Sea y Wilton & Co.
Sean revisaba las notas de la presentación con gesto firme.
Vestía camisa blanca sin corbata, saco gris, el reloj heredado de su padre marcando las 15:52.
Faltaban minutos.
Y sabía que serían largos.
—¿Todo en orden? —preguntó Luca, acomodando su tablet junto a una hoja de cálculo impresa.