Savannah había salido minutos antes, con su bolso al hombro y una sonrisa demasiado correcta para no parecer ensayada.
Sean se quedó de pie en la suite, aún con la cartera en la mano.
La nota seguía clavada como peso bajo la piel.
Llamó a Luca.
Le pidió que subiera.
Cinco minutos después, Luca entró con expresión cansada, pero alerta.
—¿Todo bien? —preguntó.
Sean dejó la cartera sobre el escritorio y giró hacia él.
—No exactamente.
Antes de pedirte algo... necesito que m