El aire alrededor del lago estaba denso, húmedo, casi suspendido.
Los secuestradores avanzaban por el terreno lodoso, arrastrando a Julie con torpeza.
Ella no podía gritar —una tela negra y áspera le cubría la boca, y una venda igual le cegaba la vista.
Pero su oído…
sí captó algo.
Una voz.
Firme.
Reconocible.
—¿Quién anda ahí?
Julie se estremeció.
Sabía esa voz.
La conocía incluso cuando el miedo lo transformaba todo.
Intentó gritar "Sean", pero apenas un murmullo escapó de