El atardecer tiñó la suite con tonos rojizos y dorados. Julie permanecía junto a la ventana, la taza de café intacta sobre la mesa. El roce de las palabras de Catalina aún resonaba en su piel, como un perfume no deseado.
Encendió la laptop. Había prometido enviar un resumen preliminar de la campaña a Londres. Abrió su correo. Y entonces, lo vio.
**“¿Vivaaaaaaa?”** decía el asunto de Emily Shaw, su mejor amiga, la única capaz de transformar drama en sarcasmo a través de un teclado.
Julie sonr