Julie comenzó a recorrer cada rincón de la suite con pasos lentos, como quien explora un escenario desconocido pero tentador.
—¿Qué te parece, Jules? —preguntó Sean, cruzando los brazos junto al sofá.
—Wow… esto es enorme y fantástico —respondió ella, dejando que la sorpresa se reflejara en su voz.
La suite era majestuosa, con una cama de dosel cubierta por una colcha marfil y dorada, cojines a juego, cortinas suaves que enmarcaban una vista imponente al mar. Había luz cálida, aroma a madera y