Julie se mantuvo inmóvil por un segundo, aún sintiendo el calor de los labios de Sean sobre los suyos. La ceremonia había terminado. Los testigos se retiraron con discreción, el juez les estrechó la mano con una sonrisa formal, y el personal del hotel se movía con eficiencia para desmontar el montaje del jardín.
Pero ella seguía allí, paralizada, con los dedos de Sean entrelazados con los suyos.
—¿Estás bien? —preguntó él, en voz baja.
Julie no respondió. Solo asintió con la cabeza, sin mira