Julie se apretó el cinturón de su bata color mandarina y se acomodó en el sofá con la taza de leche caliente con cacao entre las manos. El vapor le rozaba el rostro como una caricia tibia, pero no conseguía calmar la ansiedad que latía en su pecho.
—Bien —murmuró, abriendo el portátil—. Respira. Revisa. Controla.
Clic. Correo. Cacao. Clic. Correo. Cacao.
Tal y como se sentía después de haber cenado en casa de Sean, necesitaba algo que la tranquilizara. El cacao caliente era perfecto. El ruido s