—Bueno, supongo que eso demuestra que lo de ser mi esposa no estaría tan mal —dijo Sean con una sonrisa ladeada, aún saboreando el eco del beso que acababan de compartir.
—Si sigues creyendo que yo accedería a tu propuesta, estás loco —replicó Julie, aunque su voz no sonó tan firme como habría querido. Había un leve temblor en sus palabras, una duda que no logró disimular.
Sean se encogió de hombros con indiferencia calculada y dio un paso atrás.
—Bueno, no soy yo quien quiere un ascenso. La pe