CAPÍTULO 70. Se abre la jaula.
Han pasado siete días. El tiempo parece arrastrarse como un río lento, espeso, incapaz de borrar la herida.
Valentina permanece en la casa de su padre, rodeada de un silencio que pesa más que cualquier palabra. El olor a café recién hecho llega desde la cocina, pero no logra sacarla de la cama. Su cuerpo aún duele, pero es su alma la que está más rota.
Andrés camina por el pasillo con paso firme. Cada vez que la ve así, retraída en su mundo, siente un nudo en la garganta. No le gusta verla débi