CAPÍTULO 38: Cacería en la acera.
El sol de la tarde golpea fuerte sobre el asfalto, pero nadie parece sentir el calor. La multitud de periodistas se arremolina frente a la entrada del hospital, formando un muro vivo de cámaras, micrófonos y gritos. Desde hace horas esperan este momento, y la tensión se corta en el aire como un cable a punto de reventar.
Las puertas automáticas se abren y, como si alguien hubiera liberado un resorte, el enjambre se agita.
Primero aparece un guardia de seguridad, abriéndose paso a codazos. Detrá