Capítulo 82.
—¡Ahí tienen a su princesita!—, bramó Lysander, golpeando la mesa con tanta rabia que el vino tinto saltó de las copas manchando el mantel blanco como si fuera sangre—, ¡Mírenla bien! ¡Ese es el resultado de su crianza mediocre y de sus mimos! ¡Mientras ustedes se lamentan por el asilo y Lysandro juega a ser el salvador de la familia, Alana se dejaba preñar por quién sabe qué patán infeliz de la calle!
El silencio que siguió al estallido fue asfixiante. El señor Alexander Scott, que hasta hace