Capítulo 39.
«Comisaría de la ciudad»
«Esa misma noche»
Evangeline fue encerrada en una celda de barrotes oxidados y olor a orina, pero irónicamente, en ese lugar había encontrado la paz que nunca logró sentir en la mansión Scott.
Estaba sentada mirando una gota cayendo desde la humedad del techo, cuando escuchó pasos en el pasillo. Alguien se estaba acercando.
Andrew Parker apareció de la nada y entró en la celda. Había pagado muy bien para que los guardias le dieran diez minutos a solas con su hija.
—Andrew...—, exclamó Evangeline al verlo con su rostro lleno de rabia.
—Lo arruinaste todo, eres una maldita estúpida—, reclamó Andrew con su voz cargada de veneno—, ¡Te entregaste! ¡Tenías que quedarte en la mansión Scott y asegurar el contrato! ¿Era muy difícil hacer eso? ¿Tu diminuto cerebro no sabe captar una orden tan sencilla?
Evangeline levantó la vista, pero Andrew ya no veía en sus ojos a la chica sumisa y temerosa que hacía todo lo que él decía.
—No tienes la menor idea de quién era re