Capítulo 30.
—Eso creí—, dijo al creer que la había logrado doblegar— Puedo inventar que te escuché hablando de tu plan. Y entonces, será la palabra de una mujer respetada por todos, contra la palabra de una puta que todos odian—, escupió, con mucho veneno.
La respiración de Evangeline estaba muy agitada y sus manos se habían convertido en puños, pero tenía toda la desventaja en esta ocasión. Rebelarse contra Alana solo arruinaría todo el trabajo que había hecho para obedecer a Andrew.
Debía seguir fingiendo, y hacerle creer a esa mocosa que la tenía en su poder.
Por suerte para ella, Alana terminó yéndose del salón, entre risas y muecas de satisfacción, pero no sin antes dejar caer un florero al piso.
El florero se hizo añicos al tocar el suelo, y para Alana, eso era motivo de gracia, porque sabía que Evangeline debía limpiar todo ese gigantesco salón por órdenes de Lysander.
Eran alrededor de las tres de la tarde, cuando finalmente terminó de limpiar todo el salón.
Estaba totalmente agotada,