El tiempo pareció quebrarse en mil fragmentos.
El eco de la risa del jefe de la mafia se mezclaba con el goteo constante de la sangre de Isabella sobre las piedras frías. La respiración de todos se suspendió, como si el mundo entero contuviera el aliento ante la inminencia de algo brutal.
Amadeus, con una calma engañosa, se levantó lentamente. Su rostro estaba inexpresivo, pero en sus ojos… ardía un fuego primitivo, una furia contenida que se expandía como un volcán a punto de estallar.
Sin apa