Rebeca gime cuando la lengua de Amadeus se desliza por su clavícula hasta llegar a uno de sus pezones erectos. Lo succiona con fuerza, enviando oleadas de placer a través de su cuerpo. Al mismo tiempo, su mano se desliza por su vientre plano hasta alcanzar el centro de su sexo. —Mmm, estás tan mojada para mí, preciosa... —dice con un gruñido, antes de chupar con voracidad su otro pezón. Sus dedos encuentran su entrada y penetran profundamente, moviéndose con un ritmo rápido y salvaje.
Ella grit