Al llegar a la salida de la mansión, Damon me espera junto a un hombre uniformado. Su cabello castaño claro y ojos café contrastan con su expresión seria, aunque hay algo en su mirada que no intimida del todo. No es la clase de presencia oscura e impenetrable que tiene Damon. Este hombre es diferente.
Me detengo junto a ellos y el guardia hace un leve gesto de cortesía con la cabeza.
—Anel, él es Killiam —anuncia Damon con su tono habitual de mando, señalándolo con la barbilla—. Será tu guardae