POV VITTORIA ROMANOVA
—No quería subir... —respondí, sincera. Mis dedos jugueteaban con la cuchara de madera—. Me cuesta respirar allá.
Él no dijo nada. Pero sus ojos parecieron suavizarse un poco, apenas. Tal vez era imaginación mía.
—El olor me recuerda a algo —añadió, oliendo el aire.
—¿A qué?
—A mamá —murmuró, casi para sí mismo.
No supe qué decir.
Me concentré en terminar la cocción, removiendo lentamente, y el silencio que se instaló entre nosotros no fue incómodo. Era... contemplativo.
C