POV VITTORIA ROMANOVA
Después de tomar un sorbo de agua, sentí que la garganta se me despejaba, aunque el nudo en el pecho seguía ahí, bien apretado.
Andrea me limpió el rostro con una delicadeza que dolía; sus manos eran cálidas, suaves... Como si intentara borrar cada lágrima, cada cicatriz invisible.
—No es tu culpa, ¿me oyes? —Me repitió por enésima vez—. No lo es. Aleksey a veces es muy estúpido.
Me sacó una sonrisa rota. Esa forma tan suya de protegerme, de ponerle palabras simples a algo